El término educación procede de un
vocablo latino que significa "sacar". Educación no es,
según la percepción popular, introducir algo a la mente de los
niños. Cuando un niño llega a la escuela, alrededor de los cinco
años, ya se ha visto sometido a la influencia de miles de horas por
parte de su entorno, que han establecido las pautas de lo que
mostrará de sí mismo.
Es la cultura inmediata la que saca o
deja adentro los recursos de las personas. Cada niño nace
inteligente, con múltiples potencialidades. En una entrada anterior
mencioné que las personas que son responsables de los pequeños,
crean príncipes o princesas, o ranas, de acuerdo con los
"encantamientos" o los "maleficios" que lanzan
sobre ellos. En psicología usamos las metáforas para facilitar la
comprensión de conceptos complejos.
Un encantamiento es una situación contextual que favorece que se muestre lo mejor de las personas. En ocasiones basta con alentar, con señalar lo positivo, con permitir que se manifiesten las conductas positivas.
Por su parte, un meleficio es una
situación que inhibe lo positivo y que fomenta lo negativo. Cuántas
veces criticamos a los chicos, los hostigamos, los reprendemos, los
obligamos a hacer lo que no quieren o pueden hacer. Los niños son
personas con autonomía y capacidad de decisión desde el momento que
se corta el cordón umbilical.
En otra de mis entradas anteriores,
hablé acerca de las inteligencias múltiples, los grandes campos de
oportunidades que muestran las capacidades humanas. Para añadir más
información, Howard Gardner define una inteligencia como la
capacidad para resolver problemas, y de ofrecer soluciones valiosas
para la sociedad. Cada inteligencia proporciona interesantes
productos aprovechables: obras literarias, científicas,
tecnológicas, artísticas, deportivas, espirituales, etc.
Nuestro deber como educadores no es
meter, sino sacar a la luz todas esas riquezas de nuestros pequeños.
Debemos proteger el genio de cada una de esas personitas que son
nuestros hijos o nuestros alumnos.
Acciones concretas para lograrlo son:
desarrollar en los chicos una actitud positiva hacia el aprendizaje,
hacer que encuentren su manera más eficaz de aprender, ser modelo de
buena relación y comunicación entre las personas, permitir que
encuentren el ritmo de aprendizaje que mejor les funcione y encauzarlos
hacia el bien de la sociedad.
