viernes, 1 de marzo de 2013

TODOS LOS NIÑOS SON INTELIGENTES


El término educación procede de un vocablo latino que significa "sacar". Educación no es, según la percepción popular, introducir algo a la mente de los niños. Cuando un niño llega a la escuela, alrededor de los cinco años, ya se ha visto sometido a la influencia de miles de horas por parte de su entorno, que han establecido las pautas de lo que mostrará de sí mismo.

Es la cultura inmediata la que saca o deja adentro los recursos de las personas. Cada niño nace inteligente, con múltiples potencialidades. En una entrada anterior mencioné que las personas que son responsables de los pequeños, crean príncipes o princesas, o ranas, de acuerdo con los "encantamientos" o los "maleficios" que lanzan sobre ellos. En psicología usamos las metáforas para facilitar la comprensión de conceptos complejos.


Un encantamiento es una situación contextual que favorece que se muestre lo mejor de las personas. En ocasiones basta con alentar, con señalar lo positivo, con permitir que se manifiesten las conductas positivas.

Por su parte, un meleficio es una situación que inhibe lo positivo y que fomenta lo negativo. Cuántas veces criticamos a los chicos, los hostigamos, los reprendemos, los obligamos a hacer lo que no quieren o pueden hacer. Los niños son personas con autonomía y capacidad de decisión desde el momento que se corta el cordón umbilical.

En otra de mis entradas anteriores, hablé acerca de las inteligencias múltiples, los grandes campos de oportunidades que muestran las capacidades humanas. Para añadir más información, Howard Gardner define una inteligencia como la capacidad para resolver problemas, y de ofrecer soluciones valiosas para la sociedad. Cada inteligencia proporciona interesantes productos aprovechables: obras literarias, científicas, tecnológicas, artísticas, deportivas, espirituales, etc.

Nuestro deber como educadores no es meter, sino sacar a la luz todas esas riquezas de nuestros pequeños. Debemos proteger el genio de cada una de esas personitas que son nuestros hijos o nuestros alumnos.

Acciones concretas para lograrlo son: desarrollar en los chicos una actitud positiva hacia el aprendizaje, hacer que encuentren su manera más eficaz de aprender, ser modelo de buena relación y comunicación entre las personas, permitir que encuentren el ritmo de aprendizaje que mejor les funcione y encauzarlos hacia el bien de la sociedad.