Las mentes del personal docente y las mentes de los alumnos casi siempre están en
conflicto.
Los profesores gustan de sentarse y diseñar maravillosas
planeaciones de secuencias didácticas bastante detalladas. Son
hermosas propuestas de actividades creativas para enseñar
interesantes contenidos, llenos de datos, fechas, cifras, esquemas y
demás.
Por
desgracia, esas enseñanzas están dirigidas a mentes que no tienen
deseo alguno de atender tan fascinante información. Nuestras
percepciones son selectivas. Y nuestra memoria es altamente
selectiva.
Para
empezar, el mensaje debe superar el control inicial de volumen de la
mente. Una vez pasado, se encuentra en la memoria de corto plazo, la
cual es limitada y la información se pierde sin refuerzo.
Cuando
un estímulo llega a la memoria de corta duración, en pocos segundos se
perderá a menos que ocurra algo que la transfiera a la memoria de
larga duración.
Los
alumnos son muy selectivos en cuanto a la información que aceptan.
De hecho, se muestran bastante defensivos ante todo lo que se les
presenta. Los alumnos eluden la información no pedida o no deseada
evitando exponerse a ella, no haciéndole caso o no recordándola.
Aprender
no es otra cosa que recordar aquello que nos interesa. Las emociones
desempeñan un papel muy importante para la memoria. Cuando el
contexto emocional es el correcto, ciertos transmisores se encienden
y una copia indeleble del mensaje se graba en la memoria.
Además,
las personas sólo aprendemos cosas nuevas si éstas tienen relación
con algo que ya sabemos. Sin esa relación, la información no es más
que datos, sin conexión ni sentido.

